Rodríguez Saá: "No necesito drogas: soy loco natural

Rodríguez Saá: "No necesito drogas: soy loco natural"

El gobernador de San Luis es artista plástico. Pinta, diseña sus casas y crea sus camisas. Imaginó un planeta entero que se llama Xilium.


Collage. El gobernador puntano usaba su departamento porteño como atelier para pintar. Ahora debe compartirlo con sus hijos. En la foto, pega papeles en uno de sus cuadernos, y luce una camisa diseñada por él.

Las paredes de su departamento de Santa Fe y Libertad exhiben sus obras. Son enormes pinturas en distintas variantes del color terracota, que emulan la técnica del referente del expresionismo abstracto Jackson Pollock. “Está el pintor de mar, que pinta sentado mirando a la playa y con tonos celestes y está el pintor de montaña, que mira al piso y utiliza tonos tierra. Ése soy yo”, explica el gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, junto a una mesa repleta de plasticolas, cartulinas, papeles corrugados de variados colores, tijeras y lapiceras con brillantina. El gobernador abre un cuaderno, desliza la yema de los dedos sobre las figuras geométricas pegadas en la primera hoja, pasa a la página siguiente, donde aparece la imagen de lo que parece un extraterrestre como los de las películas de ciencia ficción pero con tacones, y apunta: “Así son las mujeres de Xilium”.

–¿Qué es Xilium?

–El mundo me relaciona con la política, y si a una de estas pinturas (señala los cuadros que están en el comedor) les pongo el nombre “Desolación inmediata”, la gente lo va a relacionar con la política, y van a decir: “Es anti-K y ve a la Argentina con una mirada pesimista”. Entonces, decidí inventar un nombre que se llama Xilium. Es un planeta imaginario, no existe. A la obra le pongo “Xilium, desolación inmediata” y así no se lo relaciona con la política. Es un modo de titular mis obras y de que no se mezclen el mundo del arte con el de la política.

–Eso se parece bastante a los mundos imaginarios que tienen los niños.

–¡Claro! Lo que yo hago es surrealismo ingenuo. Es un mundo lúdico.

–¿Cuántas obras hizo?

–Tengo muchísimas pinturas sobre distintos soportes. Menos de 600 y más de 200. Las tengo acá y en la residencia del Gobernador, que la uso bastante poco.

–¿Ha regalado alguno de sus cuadros?

–No, no, porque si uno le cobra un poquito a la persona, lo valora más. Yo vendo mis pinturas.

–¿Y a una mujer en la que está interesado?

–Le cobro muy poquito o se lo cambio por algo. (Risas) Si uno lo regala, obliga al otro a que cuelgue la obra en algún lugar ceremonial de la casa y por ahí no le gusta. El que paga algo demuestra un interés y después defiende la obra porque nadie paga algo y después dice: “¡Esto es un mamarracho!”.

–Más allá de lo que atañe a sus cuadros, ¿Xilium tiene alguna otra relevancia?

–Sí, todo lo que hago tiene que ver con lo lúdico y el expresionismo abstracto. ¡Xilium es un planeta! ¿Sabe para todo lo que da? (Risas).

–¿Qué otras cosas hay en ese planeta?

–Lo que he descripto del planeta es apenas el 0,01 por ciento. Así que todavía tengo muchas cosas que contar de Xilium.

–A pesar de que ya lo desmintió, ¿por qué piensa que se dijo que usted creía en extraterrestres?

–Eso salió en una nota periodística que quería descalificar a mi hermano, entonces me mezclaron a mí como que yo era influyente sobre mi hermano. Fue una maldad periodística. Y el origen de todo eso vino de lo de Xilium. Muchas veces he dibujado personajes de Xilium y les he dado una forma parecida a la de un marciano. Una obra muy conocida y que ganó premios fue Niño marciano que va a la clase de música en su habitual medio de transporte. Era un niño marciano que venía colgado de la cola de un barrilete. No hay nada más ingenuo que eso. Además, si yo tuviera conocimiento de extraterrestres no se lo contaría, o la nota le saldría carísima y yo tendría otros conocimientos.

–¿Cree que hay vida en otros planetas?

–No. Creo lo mismo que creen Carl Sagan o Stephen Hopkins y me atengo a lo que diga la NASA. Creo absolutamente en las ciencias. El mundo del arte y la imaginación me pertenecen.

–¿Le gusta la astrología?

–No, tampoco. Otro invento de la prensa. En una cena, en conversaciones íntimas con una señorita linda, trato de dar un golpe de efecto y me hago el que conozco de astrología. Cuando iba a la secundaria, les preguntaba a las chicas a qué escuela iban, ahora les pregunto de qué signo son. Es un modo de conocer al otro y hablar de la vida íntima.

–¿Y sabe algo de los signos?

–Leí algo del horóscopo chino y nada más.

–¿Qué animal es en el horóscopo chino?

–Búfalo de tierra. Leo a Ludovica Squirru, pero no sé de astrología. En las situaciones en que estoy con una mujer, es más el alardeo que el conocimiento.

–Usted se recibió de abogado, sin embargo le apasiona más pintar que hablar de leyes, ¿por qué no estudió arte?

–Hice dos escuelas secundarias. La normal que hicimos todos y a la noche fui a una escuela de dibujo. Soy dibujante técnico y maestro de dibujo. Incluso, trabajé de maestro de dibujo. Luego me aferré a la profesión de abogado, hasta que un día hice una excursión por la ciudad de Nueva York con el maestro Pérez Celis. Recorrimos el Soho y el Village. Volví a Buenos Aires y comencé a pintar de nuevo. Al tiempo, iba en un avión y tenía que llenar el papel de migraciones y anotar mi profesión. Siempre ponía abogado y ese día decidí archivar mi título de abogado e introducirme en el mundo del arte y la pintura. Desde ese día dejé de ser abogado y me convertí en artista plástico.

–¿De niño ya era creativo?

–¡Sí! De niño tuve dos actividades que me significaron mucho para el mundo del arte. Era jugador de ajedrez y participé de varios torneos. El ajedrez hace que desarrolles enormemente la imaginación, la observación, la atención, la estrategia y la táctica. La otra actividad que hacía era escribir.

–¿Hay momentos en que el artista desplaza por completo al político?

–Todo el tiempo. No soy ni me siento político. Por muchísimas razones terminé siendo gobernador de San Luis y lo hago con una tremenda libertad y comprensión, porque el día que me propusieron como candidato a gobernador fui a la sede del Partido Justicialista y les pregunté si estaban de acuerdo con aguantarme como soy y dijeron que sí.

–¿Se podría decir que su parte de político es su costado más pragmático y terrenal?

–Es como un trabajo o una profesión que uno acepta en un primer o segundo plano y la lleva responsablemente. Ser gobernador de San Luis no es una carga.

–En general se dice que en el arte hay algo de “locura”, ¿usted tiene una cuota de esa “locura”?

–Sí, tengo esa cuota de locura. Lo único que no hago es provocar la locura usando algún tipo de drogas. No necesito drogas: soy loco natural. (Risas).

A Rodríguez Saá le gusta jactarse de su doble faceta de político y artista plástico. Pintar, realizar esculturas, construir casas y diseñar ropa son algo más que actividades para relajar la mente y desplegar la creatividad. Con unos pantalones de pana marrón y una camisa al tono, que él mismo diseñó, confiesa que “casi todo el día” piensa en dejar la política y dedicarse de lleno al arte.

–¿También se dedica a la arquitectura?

–Por supuesto, no soy arquitecto y hago ejercicio ilegal de la profesión. A mi hermano le construí la casa. También construí la mía. Lo hago sin planos y para que estén tranquilos, a las casas les pongo muchos hierros y trabajo con arcos, eso les da bastante solidez a las construcciones y no se caen. Debo de haber construido en total seis o siete casas y opino en algunas obras de gran magnitud como es el edificio administrativo de la provincia de San Luis. Uso elementos de descarte, lo que se tira. Trabajo con las luminarias, con caños de escape de autos, con el granito de San Luis, ya que dinamitan para sacar grandes bloques y yo uso lo que queda.

–¿También se diseña la ropa?

–Es la ropa que me gusta usar. Casi toda la ropa que uso la diseño, no la coso, claro. El pantalón que tengo ahora lo diseñé yo. Tengo un camisero con el que nos llevamos muy bien. Le llevo las telas, los cuellos o las mangas que quiero y me las hace. Salen bárbaras.

–¿Ha evaluado el diseño de modas como una profesión alternativa?

–No, no, es un trabajo muy difícil. Sólo es un juego para mí.

–¿El hecho de haber tenido dos parejas actrices, como Leonor Benedetto y Esther Goris, ha potenciado su lado artístico?

–No, porque eso venía de antes. Cuando la mujer es sensible me atrae más. Además, el otro no debe influenciar las decisiones en el tema del arte, es un fuero muy íntimo. Es la introspección absoluta.

–¿Las mujeres suelen ser sus musas inspiradoras?

–No tanto las mujeres, lo que es inspirador es la vivencia. Si uno vive algo muy fuerte, eso siempre arrastra a la inspiración. El estado de enamoramiento o las tensiones. Son los sentimientos los inspiradores, no necesariamente las personas.

–¿Toda esa creatividad que tiene la pone en acción a la hora de conquistar mujeres?

–Cuando uno quiere conquistar a una mujer pone en funcionamiento todo. Absolutamente todo. Si hay que zapatear un malambo arriba de la mesa, zapateo un malambo. Vale la pena el esfuerzo.

–¿Cuál es la muestra de mayor creatividad que le ha ofrecido a una mujer?

–A la mujer lo que le impacta no es una obra de arte que uno le pueda regalar, sino el contraste. En mi caso, que ella crea que soy político y que me vea en el mundo del arte. Eso es un contraste y es la fuerza de la seducción. La mujer es curiosa y le gusta el misterio.

–¿Recuerda cómo fue la primera vez que se enamoró?

–Sí, fue con mi primera novia, porque enamorarse y no ser correspondido es horroroso. Siempre he tratado de evitar esas situaciones. Uno se tiene que ir enamorando junto con el otro.

–¿Alguna vez no ha sido correspondido?

–Seguramente en la adolescencia y en la niñez, donde los enamoramientos son excesivamente románticos. He tratado de ser siempre realista y que el enamoramiento sea de a dos y en la misma intensidad: si no, suele ser muy tremendo.

–¿Es de los que sufren por amor?

–Sí, sí, por supuesto; y con todas las pasiones que desata el amor.

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